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ARTE DE LO INJUSTO

Por Martin Mercado
Cualquier momento con ella era tan especial como el primero, todos los días, una revolución de su amor.
Cada treinta minutos la envolvía en sus brazos mientras recitaba versos de Neruda a los vientos.
En las tardes de verano la invitaba a su terraza para ver el ocaso, mientras cebaba unos amargos.
Posaba una radiante luna en su ventana arropándola en sueños antes que fuera a dormir.
Una tarde de Abril tatuó su rostro en el alma. 
Los sueños imposibles los tornaba posibles hasta amanecer.
Algunas semanas la llevaba a nadar en un río de pétalos rosas.
Los días de lluvia cantaba bajo el aguacero canciones de amor.
El invierno era verano, y lo oscuro era color.
Cierto jueves al mediodía la mujer decidió dejarlo.
Vagamente argumentó a su madre que era un tipo aburrido dentro de su informalidad.
A los pocos meses unió matrimonio con un abogado, serio e implacable.
Dicen que algunos días intenta ser feliz.